Carta a mis pacientes (presentes, pasados y futuros)
Come see me in the good light.
Come tell me what you tell the truth.
Come trouble me.
Come lightning strike.
Adrea Gibson.
(Ven a verme en la buena luz.
Ven a decirme lo que le dices a la verdad.
Ven a inquietarme.
Ven como un rayo que golpea).
Aunque tu cara y tu historia, o cómo se siente estar en la sesión contigo,
la forma en que lloras, el momento en que lloras,
o las personas de las que me cuentas
es tan particularmente tuyo,
eres también el universo humano sentado frente a mí.
Yo presencio un espectáculo, un drama. Todo lo que de verdad importa en la vida.
Eso es estar en terapia.
Me ayudas a palpar el hecho de que en el fondo todxs somos muy parecidos.
Sufrimos y esperamos no sufrir.
Queremos que nos vaya bien, que nos amen y amar mucho.
Del total de mis relaciones,
una buena parte son relaciones terapeuta-paciente.
O sea que me paso mucho tiempo de mi vida navegando el mundo interior de otras personas,
descubriendo cómo somos los humanos por dentro.
Es algo que me sigue encantando y produciendo curiosidad.
Mis pacientes me permiten ir a lugares
adonde rara vez se llega
en las relaciones interpersonales.
CREO QUE ESTO ES LA TERAPIA.
A veces es llegar al lugar vacío en donde nace la palabra.
Ese momento reflexivo, lento, cargado de una emoción enorme y no siempre fácil,
de la comprensión.
Otras veces es el lugar del consuelo de una presencia,
cuando relatas historias horribles por primera vez,
o las miras con una nueva perspectiva,
y te das cuenta de lo mucho que has resistido,
de cuánto te ha costado sobrevivir,
mientras me ves y sabes que estoy escuchando,
y algo intangible se hace realidad por primera vez,
honrando tu experiencia.
La terapia también es el lugar donde se comparte la flaqueza,
ya no poder más,
ya no querer más.
Desorientación, sinsentido, incapacidad, temblar, llorar,
tener pánico, no sentirse parte del mundo.
A mí me gusta ir a esos lugares, aunque a veces asusten.
Creo que son los lugares de la verdad.
La psicoterapia es una herramienta que he aprendido a usar
para llegar allí,
quitando capas y capas y capas de todo tipo de defensas.
He aprendido que la mente es increíblemente creativa
a la hora de protegernos.
Nos convence, simplemente nos convence,
de que el control es la solución,
o la dependencia
o la sumisión
o el éxito
o lo que sea.
Y es difícil contradecir a la mente. Sumamente difícil.
Pero para eso se hace terapia. Para dar la vuelta a las cosas.
Para decidir que esas soluciones no son sostenibles.
Son dañinas, inmaduras.
No sirven para vivir bien ni para amar bien.
Pero son tan conocidas, tan familiares y fáciles.
Sentada en el otro lado de la relación,
te doy las gracias. Siempre es un honor.